Wilhelm Conrad Röntgen era un físico alemán nacido en 1845. En la tarde del 8 de noviembre de 1895, Röntgen trabajaba con corrientes de electrones en tubos de vacío para generar corrientes de alto voltaje, y descubrió que, al estar cerca de placas fotográficas, generaba en las mismas algunas imágenes borrosas. Durante más de un mes vivió recluido en su laboratorio en este experimento.

Fue precisamente mientras tenía ante la pantalla un pedazo de metal cuando notó que los dedos con los que lo sostenía aparecían en la pantalla casi transparentes, podían distinguirse cada uno de los huesos.

Röntgen dejó entrar a su esposa Berta al laboratorio y le hizo apoyar una mano sobre el contenedor de madera de una placa fotográfica; activó la corriente durante unos quince minutos y después reveló la placa: Los huesos de la mano de su esposa, con anillo de boda incluido, aparecían nítidos en la fotografía. Fue una gran impresión para Berta observar aún viva, su propio esqueleto.

Por motivo de su ignorada naturaleza y para distinguirlos de otros tipos de rayos ya conocidos, Röntgen propuso llamarlos “rayos X”, ya que no quiso ponerles su nombre pues para él los “descubrimientos e invenciones pertenecen a la humanidad y no deberían de modo alguno estar hipotecadas por patentes, licencias, contratos”

En 1901 fue acreedor al Premio Nobel de Física por este descubrimiento.

Fuente: Borghi L., (2018). Breve Historia de la Medicina. Madrid, España: Ediciones Rialp

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