Todos hemos sentido alguna vez la necesidad de comer sin tener hambre, y no siempre significa que seamos glotones, esto podría deberse a algún periodo de ansiedad o estrés por el que estemos pasando. Sin embargo, existen personas que a diario sufren de esta sensación, en donde recurren frecuentemente a la ingesta de alimentos hasta perder el control de sí mismos. Ellos padecen el trastorno por atracón.

La diferencia de este padecimiento con el de la bulimia es que aquí no existe la necesidad de generar el vómito o de tratar de “ajustar” esa ingesta excesiva de comida, por supuesto que sí se presenta un sentimiento de culpa, pero no se trata de equilibrar con otra actividad que lo aminore.

De acuerdo con la psicóloga Itzel Téllez Nares, educadora en diabetes de la Asociación Mexicana de Diabetes, las personas que padecen este trastorno tienen los siguientes síntomas:

  1. Tienen una ingesta excesiva de alimentos en un corto lapso, aproximadamente cada dos horas.
  2. Sienten que no tienen control de sí mismos mientras comen.
  3. Comen hasta sentirse exageradamente llenos.
  4. A pesar de no tener hambre consumen alimentos.
  5. Comen a solas o a escondidas.
  6. Tienen un sentimiento de disgusto con ellos mismo, suelen tener un periodo depresión o culpa después de la comida.
  7. Comen más rápidamente de lo normal.

Estos episodios de atracón deben presentarse al menos dos veces a la semana en un período de seis meses. Los alimentos que se ingieren en la mayoría de los casos son altos en grasas y carbohidratos, y bajos en proteína, por lo que este trastorno puede desarrollar otro tipo de enfermedades como la obesidad, hipertensión, diabetes, problemas del corazón, entre otras.

Las personas que padecen este trastorno se caracterizan por tener una baja autoestima, se consideran fracasadas y  pocos exitosas, además de presentar sentimientos de insuficiencia y falta de control en sus vidas.

Se ha observado que uno de los principales factores que lo desencadenan es pertenecer a familias inflexibles. Este tipo de familias no permiten una apertura emocional en sus integrantes, no existe una comunicación correcta entre ellos y existe mucho control por parte de los padres o tutores, por lo que las personas desde niños y adolescentes crecen bajo una restricción alimentaria severa, una sensación de hambre y estados de ánimo negativos.

De acuerdo con la Secretaria de Salud, en México el 25 por ciento de las personas que padecen obesidad o sobrepeso lo presentan. Asimismo señala que por cada dos hombres que son víctimas de este trastornos, existen tres mujeres que lo padecen.

 

 

 

 

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