Si ya llevas varias semanas con antojos extraños… muy extraños y has empezado a comer elementos como arcilla, papel, piedritas, cabello, ceniza, hielo, gis o incluso objetos metálicos como monedas, lo más seguro es que puedes padecer el Síndrome de pica.

“La pica es un trastorno de alimentación persistente que se caracteriza por el consumo de sustancias no alimentarias durante un periodo de por lo menos un mes. Esta conducta ingestiva no forma parte de prácticas sancionadas cultural o socialmente”, afirma la doctora Mónica Ancira Moreno, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El nombre de esta enfermedad deriva del vocablo latín pica pica que quiere decir “urraca”, un ave conocida por consumir sustancias incomestibles y robar, conducta que se relaciona con sus rituales de cortejo.

Aunque se presenta principalmente en niños, en realidad son varios los grupos de alto riesgo que pueden padecer esta condición, como las mujeres embarazadas, inmigrantes o refugiados, niños y adultos con autismo y/o con capacidades diferentes.

Pero, ¿por qué sucede? La doctora Estefanía Limón Jiménez, integrante de la División de Estudios de Posgrado de la UNAM nos explica que existen tres posibles hipótesis: “la primera es que con ese comportamiento se intenta incrementar los niveles de micronutrientes requeridos en el embarazo. La segunda es que ‘los antojos no alimentarios’ son un efecto secundario de la deficiencia de nutrientes, especialmente niveles bajo de hierro y zinc. La tercera hipótesis refiere que es un comportamiento protector que ayuda a proteger a la persona de patógenos dañinos o químicos, durante tiempos de mayor vulnerabilidad, como el embarazo”.

La pica interfiere en el aprendizaje diario, el desempeño ocupacional y en la calidad de vida, debido a lo contraproducente que resulta este síndrome sobre diversos órganos y sistemas.

Los efectos adversos documentados sobre la pica incluyen anormalidades de potasio y diversas complicaciones gastrointestinales que van desde las más leves como irritación hasta las más severas como dolor abdominal, perforación, obstrucción e isquemia intestinal. También se han reportado efectos bidireccionales (resultan y contribuyen a la pica) entre los cuales se encuentran incluidos la deficiencia de hierro, las infecciones parasitarias y la exposición a metales como mercurio.

¿Hay alguna manera de prevenir el síndrome?
“La mejor manera es que los profesionales de la salud estén siempre alerta ante los síntomas de pica en pacientes de alto riesgo. Sobre todo los cuidadores de individuos con capacidades diferentes deberán estar capacitados para identificar conductas, evaluación de heces, revisión constante del historial médico en búsqueda de signos y síntomas asociados a deficiencias o complicaciones de la pica”, concluye la doctora Ancira.

 

 

 

 

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