En la actualidad, el ambiente de las grandes ciudades cosmopolitas como la Ciudad de México, se caracteriza por las grandes cantidades de gente, de tránsito, de competitividad empresarial y laboral, lo cual puede generar situaciones de estrés, el cual surge básicamente de dos elementos: una situación o evento estresor y la capacidad de respuesta o adaptabilidad de una persona para enfrentarse a dicha circunstancia.

Cuando suceden eventos estresantes de manera breve, aislada y poco constante, no repercutirán en la salud de la persona que se expone a ellos. Sin embargo, el estrés agudo es aquel que surge por una preocupación específica y profunda, lo que genera sudoración en las manos, inquietud, o aceleración en la respiración y en la frecuencia cardíaca. Cuando este estrés se vuelve demasiado constante, repetitivo y se añaden otras circunstancias estresantes, se vuelve crónico, lo que genera trastornos del sueño, irritación, desesperación, ansiedad y fatiga. Los largos periodos de estrés crónico, a su vez, pueden generar daños en el sistema endócrino, en las estructuras cerebrales directamente relacionadas a las emociones y al metabolismo, lo que puede desarrollar resistencia a la insulina, obesidad, enfermedades autoinmunes e incluso, infarto agudo al miocardio. Es muy importante llevar una dieta saludable, realizar actividades recreativas o físicas y mantener buenos hábitos de sueño para prevenirlo.

 

Con información del Dr. Benjamín Guerrero, Coordinador clínico del programa de salud mental del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental, Facultad de Medicina, UNAM.

 

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